
Era increíble. Tal vez habían pasado milenios, y por fin ví a alguien con su cuerpo en ese lugar. Yo salía de la habitación de la soledad y me la crucé. Enseguida entró, casi sin mirarme. Me quedé junto a la puerta sin saber qué hacer.
Paralizado por la sorpresa lo único que atiné a hacer fue quedarme junto a la puerta escuchando; recordé ese sonido, eran gemidos que intentaban demostrar placer. De repente comenzó a llorar. No había salido todavía del shock cuando vi a otra persona caminando cerca. Y otra lejos, las almas condenadas vagaban alrededor de ellos, como si fueran a agarrarlos, pero la verdad era que estaban tan anonadados como yo.
De pronto se me acercó un alma. Y otra, y dos más. Pronto estuve totalmente rodeado, tuve miedo. Y de repente lo entendí. Nunca había tenido ese miedo mientras estaba ahí. Nunca temí de esa manera, solo sufría; solo me retorcía en el dolor, y el miedo era solamente un sentimiento secundario que apoyaba a mi pena. En ese instante, el miedo era el principal. Y comprendí que algo había cambiado. Entendiendo que por fin había recuperado mi cuerpo, corrí invadido por el pánico a la habitación
Ella todavía estaba allí. Solo repetía "No puedo, no puedo". La habitación era muy estrecha, difícilmente cabíamos los dos.
-¿Qué pasa?- le pregunté.
-¿Y vos te pensás que yo sé?
-¡Hablamos el mismo idioma! ¿De dónde eras?
-¿Y de dónde eras vos?
No pude responder. Entonces entendí que había perdido gran parte de lo que había vivido.
-No sé. Supongo que vos tampoco... ¿Cómo te llamás?
Enseguida me dí cuenta que esa era otra pregunta superflua, al no recordar mi nombre. No obstante, me sorprendió que ella me contestara.
-Llamame Cassandra. Ni idea de mi nombre en vida, pero me gusta Cassandra.
-No tengo ánimos de inventarme un nombre.
-Entonces te vas a llamar... Francisco. Es el primer nombre de varón que se me vino a la cabeza.
-¿Qué está pasando?- dije, cambiando de tema.
-¿Y cómo voy a saberlo? Cuando me vi y estaba... ¿viva? quise sentirme viva de vuelta. Corrí directo a acá.
-¿Cómo te condenaste?
-Como todos, supongo. No pude enmendar lo que hice erradamente. Contraje SIDA, no pude soportarlo. Me dí cuenta que me lo merecía, debí haber creído que existía el amor.
-Debió haber sido una muerte larga y muy fea, ¿Aun así no te arrepentiste?
-No. Ni siquiera estaba preparada para mi castigo en vida. Me suicidé al saber lo que pasaba.
No dije nada.
Esta parte continuará.
Imagen (CC) por Mondoke!, basada en una foto de Editor B
Imagen (CC) por Mondoke!, basada en una foto de Editor B
3 Comentan:
esta historia se pone copada, pero que no vuele y se transforme en el escape de ellos, los condenados, condenados estan...
Saludos!!!
Nah... Usted lo ha dicho. Los condenados, condenados están
muy buena historia! pero si recuperan el cuerpo tienen que salir de ahí!!! transitar eternamente entre almas errantes parece aun peor que no tener cuerpo!Recuperar el miedo es justamente síntoma de vida, de necesidad de ponerse a salvo! Habrá salida?
Publicar un comentario