lunes, julio 21, 2008

Epílogo de existencia (parte 2: inc.)


De pronto, todo lo que hacemos de malo en esta vida se ve incrementado. La moral, la conciencia actúan todo lo que no actuaron durante la vida y es muy doloroso. Y eso es peor que el dolor físico, peor que el arrepentimiento, porque ahora, al no haber posibilidades de enmendar lo malo, ya no se puede hablar de arrepentimiento. Es solo dolor. Es saber que la esperanza ya es un extraño recuerdo, muy muy lejano.
El infierno no es fuego, es peor. Y es obvio que no puede ser fuego, al no haber cuerpo, no puede haber dolor físico.
El ya no tener cuerpo no es un castigo en sí, pero sí lo es el que todos los demás no lo tengan. Despojados de nuestra apariencia física, en en infierno solo nos queda nuestra alma impura, todas distintas, sí. Pero tan manchadas que es imposible determinar diferencias entre ellas. No vi gente, las almas impuras son todas iguales: oscuras, finas, largas y con apéndices en donde solían estar las extremidades. En su parte superior un poco más anchas, seguramente indicado en donde estaba la cabeza.
Uno de los peores castigos en el infierno es tener que servir, somos obligados a trabajar por el sufrimiento de las almas que van llegando. En el (como lo llamo yo) anti-purgatorio, que es como un precipicio de cuyas paredes salen manos de almas condenadas, se despoja a los recién llegados de lo poco bueno que le queda. Cuando finalmente quedan igual que el resto, caen al lugar en donde estoy yo. Nosotros reponemos a los condenados de la caída, e inmediatamente pasan al próximo nivel.
El lugar en donde estoy yo es lo más cercano a una estación de subterráneo, los condenados caen en lo que serían las vías; nosotros los recogemos de ahí. Uno nunca se sobrepone ni se acostumbra a este lugar, el que nosotros seamos parte ayuda a eso. Uno se siente parte de una gran máquina que no se detiene nunca, uno no tiene esperanza, uno se siente basura por ser parte de todo eso. Es de los peores castigos imaginables, y de los inimaginables también
En vida, tenemos necesidades fisiológicas. En el infierno, por algún motivo, los pocos segundos de soledad que tenemos en vida por tener que desechar orina nos son dados. No es que orinemos, hay como "cuartos" en los que podemos estar solos unos segundos. Son lugares en donde uno puede estar solo unos segundos, alejado de todas aquellas almas iguales, no solo igualmente sucias, sino también iguales en aspecto. Toda una masa homogénea de la que uno es parte; sin poder comunicarse y encontrar cosas que hagan diferente a tal o cual, vedados entonces de la amistad. ¿Por qué hago hincapié en esto? porque aquí es realmente en donde empieza la parte que vale la pena contar.
Salí de la habitación de la soledad; y después de quizás días, quizás milenios de sufrimiento, vi a una persona con su forma física intacta esperando en la puerta.
Continuará...

1 Comentan:

Mondoke! dijo...

Perdón, pero voy a habilitar la verificación de palabra en los comments. Me empezó a llegar spam, hay gente a la que hay que cortarle las manos...